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Ruta por Torozos y Alcores (Palencia) Imprimir E-Mail

La capital palentina, tiene a escasos kilómetros de distancia de su alargado casco urbano, una ...


La capital palentina, tiene a escasos kilómetros de distancia de su alargado casco urbano, una serie de acogedoras perspectivas paisajistas y conjuntos urbanos históricos, que bien merecen una visita.

El borde norte de los Montes (más bien páramos) Torozos, acogen una serie de villas y antiguos despoblados medievales, en muchos de los cuales todavía se mantiene el vocablo de origen árabe de "alcor" (al-qur =  el otero), que en cierto modo definen una gran parte de los paisajes que por este territorio nos vamos a encontrar. Los Torozos y los Alcores palentinos, representan una estrecha franja, ubicada en la parte suroeste de lo que es el plano provincial, dentro de la cual se produce el rompimiento orográfico de las mesetas parámicas, con la gran inmensidad y planitud de la Tierra de Campos palentina. Aprovechándose de ese desnivel, los paisajes se convierten en verdaderas balconadas, desde las cuales y casi a vista de pájaro, podremos ver desparramados por - las en otras épocas - campiñas terracampinas muchas de las históricas villas, en muchas de las cuales se fraguo la más primitiva historia de Castilla y León.

La cercana villa a la capital palentina de Autilla del Pino, es un buen punto para iniciar este recorrido por las tierras de los Torozos y los Alcores palentinos. Su mirador natural sobre la Tierra de Campos, ha sido desde hace ya algunos años un lugar de obligada visita, al cual "se llevaba" a todo visitante foráneo. Quien no haya disfrutado de una puesta de sol en el Mirador de Autilla en na tarde de verano o de invierno, no sabe - a ciencia cierta - de lo que es capaz de regalarnos "todavía" la naturaleza. El barrio de bodegas trogloditas que se instala a sus pies es otra "curiosidad" más a unir a su entorno urbano, junto con su iglesia parroquial de la Asunción del siglo XVI, la ermita de Las Angustias y un respetable Museo Etnográfico terracampino, que quiere ser un pequeño anaquel, de lo que fueron las formas de vida tradicionales de eta comarca palentina.

Paradilla del Alcor, es hoy caserío dependiente del término municipal de Autilla del Pino y aunque no se descuelga a "bocacerral" sobre la llanada de Campos, poco dista de ella. La "paradiella" medieval, conserva un bello conjunto urbano de esa época, aunque lo que allí veremos, ya casi es una ruina. Su pequeña y acogedora iglesia parroquial de San Pelayo, recientemente restaurada por los dueños de la finca, nos habla de su advocación de un posible origen mozárabe, aunque sus vestigios arquitectónicos, mil veces reformados, nos muestran un rústico romántico tardío.

Paredes de Monte, aunque distanciado de la capital palentina (13 Km.), es lugar dependiente del termino municipal de Palencia. Su nombre nos habla, de un lugar asolado en época de la ocupación musulmana y que posteriormente fue repoblado (s. X-XI). Su iglesia de Santiago Apóstol, es romántica de finales del siglo XII, conservando en su interior unos bellos capiteles de esa época y un Cristo gótico del siglo XIV.

Santa Cecilia del Alcor, insiste en "apellidarse" con el mencionado topónimo árabe. En el siglo XIV, se la mienta como "Santa Sezilla" y parece haber sido lugar repoblado por mozárabes. De esa época, muy posiblemente sean algunas de las viviendas rupestres excavadas en el borde del páramo que dominan al caserío; algunas de las cuales, se mantuvieron habitadas hasta épocas relativamente recientes. El arroyo del Valle, atraviesa su constreñido casco urbano y en el centro del mismo destaca su iglesia parroquial del siglo XVI.

Ampudia, será la siguiente y más importante villa, en este recorrido por los alcores terracampinos, entre medias dejaremos los antiguos despoblados medievales - y hoy granjerías - de Rayaces, Monte la Torre, Dehesilla y el Santuario de la Virgen de Alconada. La época de mayor esplendor histórico de la villa "alcor-terracampina", comenzó en el siglo XII y se mantuvo, sin grandes esfuerzos hasta el siglo XVIII. De todos esos dilatados siglos, los más importantes del devenir histórico de Castilla, han quedado en la villa buenos ejemplos monumentales de su apogeo e importancia. Por todo ello, no es de extrañar, que todo el conjunto urbano de la misma fuese declarado en su día, Conjunto Histórico Artístico, ya que toda la villa en si misma, es una de las mejores muestras de lo que fueron las grandes pueblas medievales terracampinas. A parte de sus llamativas y sorprendentes calles porticadas o posteadas en ambas "manos", lo que convierte a Ampudia en uno de los mejores ejemlos y muestrarios urbanos de la arquitectura tradicional castellana, sobresale sobre su dilatado caserío la soberbia mole constructiva de su castillo.

El castillo de Ampudia, es uno de los mejores ejemplos de arquitectura militar palaciega (s. XIII-XIV) de esta zona de la meseta norte, y que hoy podemos admirar gracias al  interés puesto en su día por don Eugenio Fontaneda, el cual, después de adquirir a la Condesa de la Granja lo que ya era una denostada ruina, dedicó gran parte de su vida a restaurarle y dotarle del impresionante patrimonio artístico que hoy allí podemos admirar.

Otro edificio que sobresale, y nunca mejor empleada la expresión, sobre la puebla medieval de Ampudia; es la airosa y espigada torre de su Colegiata de San Miguel. Monumental pináculo, sobre los inicios de la horizontalidad terracampina, lo que animó a que algún poeta local la bautizara, como "la buena moza ampudiana". Su fábrica, se fecha en el siglo XIII, aunque fue enriqueciéndoseen los siglos posteriores, especialmente a principios del siglo XVII. Su planta, la conforman tres espaciosas naves dentro de las cuales destacan: el retablo mayor, obra de Pedro Martínez de la Colina. La Capilla de Santa Ana, en la que sobresale el grupo escultórico de Santa Ana, con la Virgen y el Niño, esculturados en alabastro y el púlpito tallado en madera de nogal, obra de Alejo de Vahía.

A escasos tres kilómetros de Ampudia, en Valoria del Alcor, pondremos el punto y final de este recorrido por los "Torozos y Alcores" palentinos. "El valle bueno del otero", conserva una recogida iglesia románica del siglo XII dedicada a San Fructuoso y que recientemente ha sido restaurada, por lo que bien nos merecerá a pena hacerla una visita. Si la prisa no es mucha, podemos ascender hasta la pequeña ermita gótica de Nuestra Señora de Guadalupe, y al remanso de su espadaña - y desde tan privilegiada atalaya - extasiarnos en ver como cae la tarde; buen colofón a lo que seguramente habrá sido un mejor día.