El río Caldeginate, es una de las corrientes hidrológicas más autóctonas de la Tierra de Campos palentina. Su incierto nacimiento, se localiza dentro de los términos de Ledigos y Población de Arroyo, en la parte más septentrional de esta comarca natural palentina. En los primeros cuarenta kilómetros de su curso, atraviesa longitudinalmente la provincia de Palencia. Llegando a la villa de Castromocho, casi gira sobre sí mismo y marcha al encuentro de su otro hermano el río Retortillo, otra de las corrientes autóctonas terracampinas. Unidos ya los dos dentro del término de Becerril de Campos, conforman el Emisario de la Laguna de la Nava; el cual les echara en brazos del gran hermano río Carrión, a las mismas puertas de Palencia.
El río Valdeginate, en los más de sesenta kilómetros de recorrido lineal de su cuenca, ha dado origen a numerosas villas y lugares. Hoy aquí, en esta ruta, vamos a visitar tres de ellas. Las tres, se instalan en su margen derecho, y las tres han sido villas de gran importancia histórica provincial.
Iniciaremos la ruta, en la villa de Cisneros, aguas arriba del curso medio del río Valdeginate.A esta histórica villa terracampina, se le ha tenido como el solar de nacimiento del que fuera uno de los personajes históricos fundamentales de los inicios de la Edad Moderna Española, el Cardenal regente Francisco (Gonzalo por nacimiento) Jiménez de Cisneros, que ostentaría el poder hasta la llegada del emperador Carlos I a España. Hoy sabemos, que el importante y controvertido personaje nació en Torrelaguna (Madrid), aunque su abuelo Toribio Jiménez de Cisneros, residió en la villa, de donde partía su linaje original, muriendo en la batalla de Olmedo, luchando en el bando de Juan II. Al término de Cisneros, también pertenece el despoblado medieval de Villailar o Villafilar, donde hoy subiste la ermita del Santo Cristo del Consuelo, rodeada de un original pórtico y donde podemos admirar un bello artesonado mudéjar en su capilla mayor. Esta ermita, junto con la del Santo Cristo de Arenillas y la de Santa María de Barriofalda, ya desaparecida, eran las tres que todavía sobrevivían en el siglo XVIII.
De los cuatro templos, con los que llegó a contar la villa, solo dos se mantienen en pie. La iglesia parroquial de los Santos Facundo y Primitivo, es Monumento Histórico-Artístico Nacional desde 1945. Gran parte de su fábrica es del siglo XVI y a parte del local y tradicional porticado que se desarrolla alrededor del templo y de su cancel barroco, nada nos hará sospechar de las magníficas obras de arte que nos esperan dentro: abigarrados artesonados mudéjares del siglo CVI, entre los que sobresalen el del presbiterio y el de la capilla de la Virgen del Castillo. El soberbio retablo mayor gótico, con reformas de época barroca, donde se conjugan la mejor pintura y escultura de ese estilo. El retablo de la Virgen del Castillo, patrona de la villa y el sepulcro de Antonio Rodríguez de Cisneros, etc. El otro templo, es la popular iglesia de San Pedro. Hoy es museo y como la iglesia parroquial antes descrita, también esta rodeada de un popular y acogedor porticado, bajo el cual se acogían los antiguoas mercados que se celebraban en la villa, famosa por el mercadeo de grano y lana. La techumbre del templo, también estuvo adornada con artesonados, los cuales desaparecieron con la reforma de la cubierta que se llevo a cabo a finales del siglo XIX. Dentro de ella, puede admirar el excelente retablo mayor renacentista obra del escultor Francisco Giralte, también autor de la imagen de la Virgen del Rosario; el sepulcro gótico del siglo XIII conocido popularmente como del "Buen Caballero", que algunos se empeñan en decir que es de don Gonzalo Jiménez de Cisneros, así como otro sepulcro de Toribio Jiménez de Cisneros abuelo del Cardenal regente y otro más femenino del siglo XIV. Así mismo, completan la muestra musearia un buen conjunto de imágenes y de objetos de orfebrería sacra, abundante en cálices, crucifijos y patenas que se unen a la esmerada cajonería de nogal del siglo XVII. Como objeto, curioso, se conserca un arca encestado de hierro, conocido como de "los corregidores", a la cual cierran cuatro cerraduras y dos candados. Completa, el patrimonio de la villa, buenos y sobrios ejemplos de viviendas tradicionales, repartidas por sus barrios o "cuadrillas", construidas en el estilo tradicional de ladrillo macizo, conocido como "mudejarillo terracampino".
Mazuecos, se apellida "de Valdeginate" y se instala seis kilómetros más abajo, siguiendo el curso del mencionado río. A medio camino entre Cisneros y Mazuecos, nos encontraremos con el antiguo despoblado medieval de Arenillas (el lugar de las arnillas-colmenas), donde hoy se instala la actual ermita le Sntísimo Cristo de Arenillas, una de las dos parroquias que tuvo el despoblado y por cuya titularidad, si hacemos caso a la tradición, anduvieron a "la greña" las dos villas, ganando en el pleito y en el "juego de pajillas" los de Cisneros. En Mazuecos de Valdeginate, estuvo ubicado un Monasterio de la orden Trinitaria y un hospital dedicado a Sn Sebastián. La iglesia parroquial esta dedicada a San Miguel, y según parece perdió gran parte de su torre debido al terremoto de Lisboa ocurrido a mediados del siglo XVII. En ella destaca su portada plateresca y en el interior, sus ya característicos - por abundandtes en esta zona terracampina - artesonados mudéjares, su retablo mayor barroco sin dorar y el plateresco de la nave del evangelio y otro renacentista de la Epístola.
Tres kilómetros más, y llegaremos a Frechilla. La villa fue desde tiempos medievales, cabecera de comarca y por un tiempo junto con Villarramiel, señorío del duque de Braganza don Duarte, con el cual Felipe II tenía contraídos compromisos después de anexionarse Portugal. Con la caída del Antiguo Régimen en 1833, Frechilla se constituye en una de las Cabezas de Partido de la Provincia de Palencia y así se mantuvo, hasta fechas recientes, que con la reciente reunificación perdió tal categoría. Sobre el homogéneo y bien ordenado caserío, destaca la soberbia fábrica de su iglesia parroquial de Santa María (Monumento Histórico-Artístico), la cual ardió en un incendio ocurrido en 1533 y lo que hoy vemos es obra de los siglos XVII y XVIII. Su esbelta y airosa torre, se levanta a cincuenta metros de altura, conservando gran parte de los cinco cuerpos originales que conformaban a la antigua. Dentro del templo, destacan varios retablos, entre los que sobresale el mayor barroco sin dorar, con connotaciones neoclásicas. Así mismo, podremos ver un bello calvario gótico (s.XIV), la sillería del coro, pequeña y curiosa talla del XVII del Niño Jesús Dormido de anónimo maestro castellano y el órgano; uno de los mejores de Castilla y León según reconocen muchos entendidos y en cuya caja intervino el mismo ensamblador, que tuvo mucho que ver en la cajonería, que hoy podemos admirar en la sacristía, donde también podemos admirar un magnifico cáliz-custodia de plata sobredorada, junto a una custodia de mediados del s.XVII.
A un kiómetro del pueblo y en el margen contrario del río Valdeginat, subiste la ermita de San Miguel. Hoy es un templo barroco del siglo XVII, pero según se asegura ya existieron otras dos anteriores en el mismo lugar. Varias mas, fueron las ermitas que existieron en Fechilla: S.Mamés, S.Martín, Santiago, S.Román, San Nicolás, Albarrosa, a las cuales atendían otras tantas cofradías. De todo ese numero de ermitas y como muestra, todavía puede verse dentro del casco urbano de la villa la ermita de Nuestra Señora del Cosso o del Corro, barroca de finales del s.XVII.