| Ruta por el Valle del Río Boedo (Palencia) |
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Al Valle del Boedo, su río no solo reiga, sino que lo bautiza y presta su homónimo nombre. Sus paisajes son suaves y amenos, sin grandes quebrantos. Se alternan las frondosas de robles, con las escasas, pero vigorosas encinas; haciéndose compañía con los pinos de repoblación. Y en su ausencia, los campos de cereal y de patatas lo inundan todo. La patata del Boedo, fue producción bandera de este territorio, conservando todavía merecidísima fama narional. Para acceder a la pequeña comarca del Boedo, se puede hacer desde dos puntos señeros del mapa provindical. Uno al sur: Osorno la Mayor y otro más al norte, Herrera de Pisuerga, población cabecera de todas estas tierras intermontañosas. Con el fin de mantenernos dentro del entorno geográfico que pensamos recorrer, iniciaremos este viaje, desde la ciudad de Herrera de Pisuerga, pues este es la categoría que ostenta, al haberle sido concedido tal título por la reina María Cristina en el año 1902; para ello, nos aproximaremos a Calahorra de Boedo, para desde este punto recorrer la parte sur del Valle del Boedo, descendiendo aguas abajo, de lo que es el curso natural del río que le da nombre. Visitaremos: San Cristóbal de Boedo, Santa Cruz de Boedo, Cillaprovedo e Hijosa de Boedo. Si - por el contrario- se quiere ascender hacia su parte norte, también partiendo desde Calahorra de Boedo, nos acercará a : Páramo de Boedo, Sotobañado y Priorato, Sotillo de Boedo, Olea de Boedo, Collazos y Revilla de Collazos, Oteros de Boedo y Dehesa de Romanos. Esta comarca del Boedo, aporta como novedad, que en ella, se pueda admirar, por bastante desconocido, una de las mejores muestras del "románico olvidado", de la provincia de Palencia; al haberse quedado fuera (sin saber bien porqué) de las grandes y tradicionales rutas turísticas del románico norteño. Y así tendremos, que en Calahorra de Boedo, podemos admirar en su iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Cndelas, una de las mejores y más bellas pilas bautismales románicas figuradas de la provincia de Palencia. En su copa trococónica, se representa movidos motivos en baajorrelieve, que recogen escenas de la Resurrección de Cristo, teniendo su basa decorada con cuadripétalas inscritas en círculos. En Sn Cristóbal de Boedo, al márgen izquierdo del río Boedo, separado de este por la línea férrea, se ubica la ermita de la Cirgen de la Muela, en la cual todavía, se pueden ver vestigios de su origen mozárabe, destacando su arco triunfal de herradura y algunas cornisas y canecillos. Hijosa de Boedo, en su iglesia parroquial de San Martín conserva escasos vestigios románicos, ya que posteriores remodelaciones dieron al traste, con su antigua fábrica. De todas formas, todavía puede verse su ábside y una sencilla portada gótica situada al mediodía. Santa Cruz de Boedo, carece de restos románicos, pero aporta una digna iglesia parroquial, con excelentes retablos barrocos así como una casa blasonada. Lo mismo ocurre con la iglesia parroquial de Villaprovedo, advocada a San Sebastián, en la que destaca su portada barroca y los retablos platerescos y rococó, que se conservan en su interior. Si ascendemos valle del Boedo arriba, al encuentro con sus fuentes. Y si para ello - insistimos - partimos de Calahorra de Boedo; el primer pueblo que encontraremos en nuestro recorrido será el recoleto caseríio de Páramo de Boedo, situado a 876 metros de altitud, en el que destaca su iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Natividad situada a las afueras de la villa, y que conserva algunos vestigios de su antiguo origen románico, destacando la mitad de su primitivo ábside de tambor. En Sotobañado y Priorato, que es villa desde la pragmática que le concediera el rey Carlos IV (1803) y en el lugar de Sotillo de Boedo, dependiente de ella, disfrutaremos de uno de los más bellos parajes por los que discurre el río Boedo. Todo ello lo podrá dominar desde la ermita de la Virgen de los Milagros, a la que tienen gran devoción en los contornos. La villa de Sotobañado fue famosa por los mercados dominicales que se celebraban en ella, en los cuales destacaba el lino como uno de los productos de tráfico y comercio en la zona. Queda como recuerdo de esta destacada actividad comercial, su plaza porticada en el más puro estilo castellano. El segundo nombre de "Priorato", le viene del despoblado convento de canónigos regulares de San Agustín, distante del actual caserío dos kilómetros, conocido como Santa María de Mañino, que dependía de la abadía de Benevivere. Su iglesia parroquial conserva, protegida bajo su porche de entrada, una digna portada del románico tardío de cinco arquivoltas apuntadas. Lo mismo ocurre en Sotillo de Boedo, donde en su iglesia de Sn Nicolás, pueden verse los restos de su antigua iglesia del siglo XIII, entre los que destacan una portada de cuatro arquivoltas, un ventanal con capiteles vegetales y algunos canecillos figurados, destacando entre ellos, una bailarina, un monje leyendo un libro y un músico. Frente a lo que fueron los solares de este convento, siempre mirando al este; se sitúa el lugar de Olea de Boedo, al cual podemos acceder superando los puentes que rebasan los márgenes izquierdo del río Boedo y el arroyo del Cstillo, dos de las corrientes que riegan esta bella vega. Su caserío se ubica sobre un promontorio de 945 metros de altitud, desde el cual podemos dominar gran parte de los acogedores paisajes forestales, que bordean sus contornos. A tres kilómetros de Olea y también en el margen izquierdo del río Boedo, que se presta como apellido: Collazos de Boedo, villa de la que así mismo depende el lugar de Oteros de Boedo. Entre los dos jntan ciento setenta y un habitantes. Collazos se remonta a una altitud de 924 metros. Su iglesia parroquial de Snta Lucia, es principalmete de estilo barroco, pero conserva una bella portada fechable en el siglo XIII, del románico tardío cisterciense. Haciendo un pequeño alto en el recorrido por la zona. Diremos para curiosos y etnógrafos, que en este valle del río Boedo, se conservan los mejores modelos de pequeñas aceñas de molinería (molinos) más tradicionales de la provincia, que aprovechaban estas pequeñas corrientes hidrológicas para su motricidad. Muchos de ellos son dignos de ser visitados y recorridos, ya que la gran mayoría, se encuentran amenazados por la ruina y el lógico abandono de su actividad. Revilla de Collazos es lugar, con ciento treinta y tres habitantes, cuyo caserío se ubica en el margen derecho del río que apoda la zona, a una altitud de 936 metros. Su parroquia de Sn Andrés, conserva buenos ejemplos del antiguo edificio románico tardío que ocupó su solar, destacando: un fuste-estatua procedente de un ventanal, que representa a un personaje barbado tocando una biola, un ábside con un bello ventanal, la portada, la mesa de altar que descansa sobre columnillas con capiteles tipo a los de San Andrés del Arroyo y los dos capiteles historiados del arco triunfal. |
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