| Ruta por el Valle Estrecho (Palencia) |
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El Valle Estrecho, es una pequeña y “estrecha” depresión, que surge a los pies de una orográfica montañosa y agreste, por la cual – como era de esperar – se abre paso un antiguo y pequeño río, que esta vez no va a dar nombre al valle, pero que si va a poner vida y colorido en sus “pindias” y forestales laderas, el río Ribera, excava el Valle Estrecho, aprovechándose del plegamiento geológico que existe entre las estribaciones más orientales de la Sierra de la Peña y las de la Santa Lucia, que separan su cuenca hidrológica de la que es la cuna natural del río Carrión, el paraje natural bien conocido de Las Fuentes Carrionas.
Instalarse este ameno, plácido y recogido Calle Estrecho, muy cerca de lo que esl el corazón geográfico de la Montaña Palentina: el alfoz de Cervera de Pisuerga. Por lo tanto, diremos que antes de iniciar la ruta, es casi obligatorio hacer una visita a esta villa montañesa, donde dominando su vetusto caserío, nos esperará la iglesia parroquial de Santa María del Castillo, que como bien indica su hagiotopónimo, ocupó el solar del antiguo castillo o torre acastillada, una más, de las varias que se desperdigaban por toda la Montaña Palentina durante la Baja Edad Media. El edificio de la iglesia, no es nada llamativo pero las riquezas interiores que alberga, bien merece su visita. Destacan los sepulcros de Gutiérrez de Mier y su mujer Isabel de Orense y el retablo hispano-flamenco de la Capilla de Santa Ana, con esculturas de Felipe Bigarny y pinturas de Juan de Flandes, entre las que sobresale una Adoración de los Reyes Magos. En el pequeño museo dignamente dispuesto al efecto, se ordenan en vitrinas, documentos, piezas góticas y posteriores de platería y objetos de culto. En el casco urbano de la villa, existen buenos ejemplos de casonas blasonadas y armadas, algunas del siglo XVI; destacando entre todas ellas, la conocida como “casa de los leones”; por los laboriosos y bien tallados blasones (dos). Su calle y plaza principal, conserva gran parte de los porticados característicos de las villas castellanas, aunque se aprecien sutilezas constructivas de origen cántabro. En otra de las plazas, existe una ermita barroca del siglo XVII, advocada a la Cruz, en la que destaca sobre una hornacina, la escultura en piedra de Jesús Nazareno. Frente por frente a esta ermita, podemos visitar el Museo Etnográfico de PIEDAD Isla, entrañable e impresionante comprendido de aperos, usos, costumbres y materiales, de lo que fueron las formas de vida de las gentes montañesas. Cerca de la villa y próxima al acogedor rincón de Vado, se conserva la ermita rupestre de San Vicente en un apartado paraje de sotos y aguas cristalinas. Abandonando con pesar la villa de Cervera de Pisuerga, ascenderemos por la retorcida carretera que nos aproximara a Resoba y al Parador Nacional de Fuentes Carrionas. Desde este establecimiento hotelero, e instalados en su terraza interior, podremos dominar una de las mejores panorámicas de la zona, que vamos a recorrer, lo que nos ira haciendo una idea de los paisajes y territorios montañosos que nos esperan. Sobre la lámina acuífera de la balsa del embalse de Ruesga, qe en primavera quiere parecerse lago, se reflejaran las umbrías que se descuelgan de la Peña Almonga, Celada, Pilones y Tuis. Y más al fondo, la Peña Redonda (con sus 1993 metros de altitud), dominará sobre toda la escarpada depresión del Valle Estrecho. Cerca del acceso al Parador, la desviación al pueblo de Resoba. Apartado y bello rincón, desde el cual se puede iniciar una de las rutas más agrestes, para penetrar en los despoblados de Pineda, ya en los territorios del Alto Carrión; para ello, pasaremos antes por las Tenadas de Resoba, que dominan una de las manchas boscosas más llamativas de la zona y donde se conserva – casi milagrosamente – un excelente ejemplar de roble centenario. Volviendo a los accesos del Parador, la carretera nos da dos opciones: o bajar al pueblo y represa el embalse de Ruesga, o continuar hasta Ventanilla, ya en la cola del mancionado embalse, que como es de suponer, organiza el río Ribera; el cual – también – atraviesa su menudo y acogedor casco urbano, que como su propio nombre indica, surgió al amparo de una antigua “venta“ arriera. Pasado Ventanilla, llanearemos por las campas próximas a San Martín de los Herreros y en el mismo desvío, nos toparemos con la ermita de San Roque, bello paraje, ejemplo de los que nos esperan en los alrededores de San Martín y Rebanal de las Llantas. Estos dos pueblos, son diminutas aldeas separadas la una de la otra por tan solo tres kilómetros. Sus viejas pueblas, se ubican encerradas y casi ocultas en una de las más bellas y ricas depresiones naturales de uno de los entornos más atractivos de la Montaña Palentina. En Rebanal de las Llantas y dentro de su iglesia parroquial, se conserva una bella pila bautismal, recuerdo del buen hacer de los maestros canteros montañeses. Desde cualquiera de los dos pueblos, pueden organizarse excursiones pedestres, hasta los lugares de la Fuente Desondonada (fuente bauclusiana), nacimiento oficial del río Ribera, Altos de Brañosera, La Espina, la Cueva del Oso y de Santa Teresa y la Peña Miranda. Sus bosques y vallejos de hayas y robles – salpicados con algún tejo o acebo – esconden rincones de gran belleza y desde cualquiera de los altos que dominan el valle, se puede disfrutar de unas incomparables panorámicas sobre Fuentes Carrionas, La Peña y la Sierra del Brezo. Otro tanto ocurre, desde el siguiente pueblo que visitaremos para cerrar este recorrido: Santibáñez de Resoba. Su antiguo caserío, es un privilegiado mirador sobre el Valle Estrecho, que desde este punto se descuelga de la Peña Lugar, a una altitud de 1215 metros. Partiendo del casco urbano de Santibáñez, recomendamos la excursión pedreste hasta el alto de la Peña de Santa Lucia, para desde esta atalaya natural, dominar una impresionante vista sobre los abruptos paisajes de la Peña Curavacas y el Valle de Fuentes Carrionas. |
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