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Paisaje, Cultura y Salud. Por Josep Abelló Imprimir E-Mail


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PAISAJE, CULTURA Y SALUD

A menudo se asocia el paisaje con el concepto de medio ambiente. Sin embargo la realidad histórica nos demuestra que son dos conceptos que van por distintos caminos.

El concepto de medio ambiente es más bien reciente y debe ser tratado de manera científica. En cambio el paisaje tiene un origen artístico y es el resultado de una operación perceptiva, es decir, de una determinación sociocultural. Nos conviene pues disociar lo que forma parte del paisaje y lo que corresponde al medio ambiente como tal. Un paisaje nunca es natural, siempre es cultural. La palabra paisaje siempre ha ido paralela a la acción perceptiva y a la construcción mental con la finalidad de comprender y conocer alguna cosa.


En Occidente el concepto de paisaje nace en el siglo XV de la mano de diversos pintores, los cuales plasmaban en sus obras de arte paisajes sometidos a escenas de carácter diverso. Los historiadores conceden al pintor Patinir (1475-1524) el título de primer paisajista occidental. Patinir creaba escenas religiosas insertadas en grandes paisajes la superficie de los cuales excedía a la de los personajes.



Es necesario destacar la valoración de un territorio integrado por paisajes bien conservados, no degradados o excesivamente humanizados. Por desgracia demasiado a menudo estamos deteriorando y destruyendo muchos de nuestros paisajes que durante mucho tiempo se han mantenido inalterables.


Y por último destacaremos los valores psicológicos que nos aportan los paisajes bien conservados. Un espacio natural o un territorio determinado no tan solo pueden ser valorados por sus patrimonios biofísicos o ecológicos. El paisaje tiene su riqueza escénica y de alguna manera beneficia el funcionamiento psicológico de las personas. Los paisajes bien conservados y particularmente aquellos en los cuales predominan los elementos de la naturaleza, cumplen la función importante de restaurar el equilibrio psicológico, roto muchas veces por unos entornos urbanos demasiado complejos y caracterizados por su alta artificialidad, escenarios estos que no se ajustan a la naturaleza humana.

Cada día son más los trabajos y experiencias que demuestran que los entornos y paisajes bien conservados ejercen sobre las personas efectos restauradores del equilibrio y funcionamiento psicológico. Por tanto podemos afirmar que la conservación y protección de paisajes juega un papel muy importante para la salud psicológica de las personas.

Es necesario que tomemos conciencia de nuestros paisajes. Que los valoremos y los protejamos ya que nos aportan muchos beneficios para nuestra salud y enriquecen nuestra identidad.

Josep Abelló Ribera www.catsud.com




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